Instituto de Medicina y Cardiología Hospital Universitario Dexeus

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El clima, la altura o la presión atmosférica afectan al corazón

Los pacientes cardiacos deben tomar algunas precauciones a la hora de elegir destino de vacaciones dado que el clima, la altura o la presión atmosférica pueden afectar al corazón, de ahí la necesidad de evitar viajar a lugares donde haya temperaturas extremas, bien con mucho frío o mucho calor.

Así lo recomienda la Fundación Española del Corazón, perteneciente a la Sociedad Española de Cardiología (SEC), ante el inminente comienzo de las vacaciones para muchos españoles y teniendo en cuenta que la enfermedad cardiovascular es la principal causa de muerte en viajeros internacionales adultos.

«Si la condición cardíaca del paciente es estable, está bien controlada y se encuentra bien, no hay mayor problema en viajar», ha apuntado el vicepresidente de la FEC, José Luis Palma, que pese a todo recuerda que las temperaturas extremas pueden suponer una tensión adicional para el corazón.

Este experto también se recomienda especial vigilancia con los fármacos ya que las medicaciones cardíacas pueden causar efectos adversos en ambientes muy fríos o calientes, y con particular precaución en pacientes anticoagulados.

Asimismo, el viaje a climas extremadamente fríos puede precipitar síndromes coronarios agudos, mientras que el exceso de estrés por calor puede conducir a hipotensión postural, especialmente en pacientes que toman agentes antihipertensivos, incluyendo diuréticos, mientras que el calor extremo, además de aumentar el riesgo de deshidratación si no se bebe la cantidad suficiente de líquido, incrementa las posibilidades de sufrir una vasodilatación de las arterias o de padecer tensión arterial baja, especialmente entre aquellos que toman fármacos para la hipertensión.

Junto a la temperatura, los cardiólogos recuerdan que los países con una altura por encima de los 2.000 metros también afectan a este tipo de pacientes dado que «a más altitud sobre el nivel del mar, menos oxígeno hay en el aire, y consecuentemente, menos oxígeno en la sangre».

«El desplazamiento a gran altura presenta riesgos particulares para la descompensación de la insuficiencia cardiaca, arritmias o la precipitación de los síntomas de la angina o del infarto, por lo que este tipo de pacientes deben evitar estos riesgos», según el vicepresidente de la FEC.

Además, también avisan a los pacientes que deben ser conscientes de la importancia de no desterrar los hábitos de vida saludables que se mantienen a lo largo del año e intentar adaptarlos a los días de vacaciones.

«Mantenernos hidratados, ser cuidadosos a la hora de comer fuera de casa, evitar el exceso de alcohol, mantener la adherencia al tratamiento y seguir siendo activos son hábitos esenciales para garantizar una buena salud cardiovascular en verano», según recuerdan.

FUENTE: SEC

Muerte súbita cardiaca en atletas: aún mucho que aprender

Los atletas son considerados como el pináculo de salud y forma física, incluso al punto de la invencibilidad. La MSC de un atleta es por lo tanto, inesperada y extremadamente traumática.

Causas de MSC en atletas

En atletas, la MSC puede ocurrir en cualquier momento durante la competición, entrenamiento, o incluso en reposo. Se deben excluir otras causas, tales como problemas respiratorios, cerebrovasculares, drogas, etc. Saber la incidencia real de MSC en atletas es todo un reto, debido a las diferencias en cuanto a edad, raza y tipo de deporte, además de un denominador común para realizar los cálculos adecuados. En general, podemos decir que la incidencia de MSC en atletas se encuentra en el rango de 1-3 por 100.000 atletas.

Las causas de MSC en atletas se pueden dividir en adquiridas (miocarditis, enfermedad arterial coronaria, commotio cordis o abuso de drogas) y genéticas (cardiopatía estructural o arritmogénicas).

Post-MSC de un atleta

Cuando hablamos de MSC en atletas debemos saber que abarca un proceso de antes, durante y después. El antes sería realizar un correcto reconocimiento por profesionales dedicados en este campo (screening pre-participación deportiva) para descartar posibles patologías subyacentes que se podrían desencadenar durante la actividad física. El durante, cuando acontece una MSC se debería tener todas las herramientas a mano, personal familiarizado con RCP, contar con DEAs y una red bien comunicada. Pero no todo queda ahí, como bien dicen los autores “when tragedy strikes” también es importante el después. El después se resume en 3 caminos: examen post-mortem, screening familiar y test genéticos.

Aún mucho que aprender

Aproximadamente en un 1/3 de los casos de MSC no se determina la causa luego de la autopsia. De ellos, un screening clínico y genético puede revelar la causa en un 10-30%; aún así queda una proporción importante de pacientes sin causa aparente. En estos casos, dejamos a los familiares sin respuestas de por qué sus seres queridos murieron repentinamente, y con la duda de si a ellos también les podría pasar. A pesar de los avances en test genéticos y uso de la autopsia molecular, aún hay mucho que aprender, por ejemplo, en descubrir nuevas enfermedades que causen mutaciones genéticas.

Hay que tener en cuenta que existen otras causas fuera de las cardiopatías (estructural y arritmogénica) que se relacionan con MSC en un atleta. Por ejemplo, sustancias como cafeína (tabletas, bebidas energéticas…), Ma huang (hierba fuente de efedrina) y dopantes (hormonas y esteroides anabólicos). Otras causas no relacionadas con drogas y que permanecen sin definir luego de una autopsia: golpes de calor.

Comentario

El ejercicio de alta intensidad tiene el potencial de llevar cambios en el remodelado estructural y eléctrico del corazón, como dilatación de cavidades y patrones “anormales” en el ECG. La presencia de esta zona gris entre adaptación benigna o corazón de atleta y cambios patológicos de una enfermedad cardíaca genética hace difícil el screening pre-participación deportiva. Se han desarrollado criterios que nos permiten distinguir entre lo benigno y potenciales cambios en el ECG o ecocardiografía (“red flags”) que pueden ser patológicos.

Sin embargo, aún tenemos mucho que aprender, con falsos positivos que aún ocurren, llevando al atleta a dejar de competir y excluirlo de cualquier deporte innecesariamente. Por otro lado, el proceso de screening pre-participación deportiva es falible (si bien se puede detectar 80-90% de causas posibles), por lo que algunos atletas pueden claramente tener una trágica experiencia de MSC mas adelante en sus carreras.

La MSC de una persona joven (atleta o no) es un evento trágico, particularmente por lo inesperado de la situación, generando un gran impacto en los familiares y en la sociedad. Muchas preguntas aún permanecen sin contestar y el camino es identificar aquellos con alto riesgo de MSC. De momento la respuesta a estas interrogantes es, si, aún hay mucho que aprender.

Fuente: SEC.

Objetivo lipídico en las guías de prevención cardiovascular ESC

La Sociedad Europea de Cardiología (ESC) ha publicado las guías para prevención de la enfermedad cardiovascular. Vamos a revisar de manera rápida cuáles son los objetivos que plantea sobre el control lipídico.

Las guías de prevención cardiovascular de la ESC, avaladas por la SEC, mantienen, a diferencia de las del ACC/AHA, que los objetivos terapéuticos son útiles, por lo que siguen estando centradas en los objetivos terapéuticos definidos en función del riesgo cardiovascular del paciente.

Se consideran de muy alto riesgo los pacientes con:

  • Historia de enfermedad cardiovascular clínica (infarto agudo de miocardio previo, síndrome coronario agudo, revascularización coronaria y otros procedimientos de revascularización arterial, accidente cerebrovascular, AIT, aneurisma aórtico y enfermedad arterial periférica).
  • Enfermedad cardiovascular documentada inequívocamente por técnicas de imagen (placa significativa en la angiografía coronaria o ecografía carotídea, sin que se incluya aumento del GIM carotideo).
  • Diabetes mellitus (DM) con daño en órganos diana, como proteinuria, 
o con un factor de riesgo mayor como tabaquismo, hipercolesterolemia importante o hipertensión significativa.
  • Enfermedad renal crónica grave (TFG <30 ml/min/1,73 m2).
  • Estimación del riesgo por SCORE ≥10%.

Consideran de alto riesgo a los pacientes con:

  • Factores de riesgo aislados muy elevados (colesterol >310 mg/dl como en la hipercolesterolemia familiar, hipertensión arterial ≥ 180/110 mmHg).
  • La mayoría de las demás personas con DM (excepto jóvenes con DM tipo 1 sin factores de riesgo mayores que pueden tener un riesgo bajo o moderado).
  • Enfermedad renal crónica moderada (TFG 30-59 ml/min/1,73 m2).
  • Estimación del riesgo por SCORE ≥5 y <10%.

El objetivo fundamental del control lipídico es la reducción del colesterol LDL (cLDL).

  • Para los pacientes con muy alto riesgo cardiovascular, el objetivo es alcanzar un cLDL <70 mg/dl (aplicable a los que basalmente tengan un cLDL >135 mg/dl). De forma alternativa, y si el cLDL basal está entre 70 y 135 mg/dl, debe obtenerse una reducción del mismo de al menos un 50%, lo que debe dar unos valores finales tras el tratamiento de 35-68 mg/dl (Clase I, Nivel B). Como vemos, las guías admiten que en estos pacientes puedan alcanzarse valores de cLDL inferiores a 50 mg/dl.
  • En los pacientes con alto riesgo cardiovascular, el objetivo debe ser alcanzar un cLDL <100 mg/dl (aplicable a los pacientes con cLDL basal > 200 mg/dl), o, si su valor basal está entre 100-200 mg/dl, alcanzar una reducción del mismo de al menos un 50%, lo que daría unos valores finales de 50-100 mg/dl de cLDL (Clase I, Nivel B).
  • En los pacientes de riesgo cardiovascular bajo o moderado, indica que debería alcanzarse un cLDL <115 mg/dl (Clase IIa, Nivel C).
  • Una vez alcanzados los objetivos de cLDL, en los pacientes de muy alto riesgo puede considerarse obtener unos objetivos secundarios de colesterol no-HDL (30 mg/dl superiores a los correspondientes al objetivo de cLDL) y de apoB (<80 mg/dl para los pacientes de muy alto riesgo y <100 mg/dl para los pacientes de alto riesgo). Las guías no plantean objetivos específicos para triglicéridos ni para cHDL.

Además de la dieta y de la modificación del estilo de vida, siempre recomendables, la base fundamental para alcanzar estos objetivos terapéuticos, especialmente en los pacientes de alto o muy alto riesgo, son los fármacos hipolipemiantes. Las estatinas utilizadas a la dosis mayor recomendada o la dosis mayor que tolere el paciente para alcanzar el objetivo necesario en cada caso son la base esencial del tratamiento (Clase I, Nivel A). En el caso de que exista intolerancia a las estatinas, debería considerarse la utilización de ezetimiba o secuestradores de los ácidos biliares, o la combinación de ambos (Clase IIa, Nivel C). Si no se alcanzan objetivos terapéuticos con las estatinas, debería considerarse su asociación con ezetimiba (Clase IIa, Nivel B), aunque también puede considerase su asociación con un secuestrador de ácidos biliares (Clase IIb, Nivel C). En los casos de muy alto riesgo en los que no se alcance el objetivo con ninguno de estas estrategias puede considerarse el uso de un inhibidor de los PCSK9 (Clase IIb, Nivel C).

Con respecto a los triglicéridos, debería considerarse el tratamiento con fármacos (fibratos, omega 3) cuando en los pacientes de muy alto riesgo lo niveles sean >200 md/dl (Clase IIa, Nivel B).

Fuente: Sociedad Española de Cardiología

Novedades en cardiología: riesgo vascular y rehabilitación cardiaca

La prevención cardiovascular (CV) es propia de una sociedad avanzada que actúa antes de manifestarse la enfermedad, pero que además se adecua con criterios más exigentes cuando la enfermedad ya está presente. Acorde con los tiempos, los conceptos de efectividad, eficiencia, farmacoeconomía, coste de oportunidad y, en general, economía de la salud se imbrican en nuestro quehacer cotidiano. Las intervenciones en prevención CV primaria tienen menor coste individual que las que se aplican en fases de la enfermedad, pero se aplican a segmentos tan amplios de población que a la postre acaban siendo mucho más costosas y precisan de un análisis más concienzudo, que dista de estar bien establecido.

ASPECTOS EPIDEMIOLÓGICOS

Hace apenas un siglo, las enfermedades CV eran la causa de menos del 10% del total de muertes. Impulsado por la industrialización, la urbanización y los cambios en el estilo de vida, el siglo XX supuso un aumento sin precedentes de la esperanza de vida, con un cambio radical en la etiología y la tasa de mortalidad. En este proceso, las enfermedades CV se convirtieron en la primera causa de muerte. Actualmente se debe a ella más del 30% de las muertes en el mundo, con una distribución preferencial en los países de nivel económico alto. Dado el carácter modificable de determinados factores de riesgo claramente identificados, es posible que la transferencia eficiente de estrategias preventivas y terapéuticas altere la evolución natural de la transición epidemiológica en todo el mundo y se reduzcan así las repercusiones globales de las enfermedades CV. Sin embargo, aún se está lejos de alcanzar la excelencia en este sentido.

Los datos de registro EUROASPIRE IV mostraron que solo un 51% de los pacientes habían dejado de fumar de 6 meses a 3 años tras un evento coronario, el 43% tenía cifras de presión arterial (PA) por encima del objetivo, el 81% no cumplía los objetivos del control lipídico y, además, el 59% no había participado en ningún programa de prevención del riesgo CV. Estos datos concuerdan con los del estudio PURE, en pacientes con enfermedad CV o cerebrovascular aterosclerótica. En este estudio se evidenció una baja prevalencia de los estilos de vida saludables, pues solo la mitad dejó de fumar, solo el 39% tenía una dieta adecuada y el 35% realizaba actividad física. En España, los datos del registro EUROASPIRE IV mostraron cifras ligeramente mejores que la media europea, con un 73% de pacientes que abandonaron el tabaquismo, un 40% con control subóptimo de PA y un 59% con cifras de colesterol unido a lipoproteínas de baja densidad fuera de objetivos, cifras que concuerdan con las previamente publicadas en el estudio ENRICA y el registro del grupo BARBANZA. Destaca que en la mayoría de los estudios el porcentaje de pacientes con los tratamientos recomendados por las guías es alto, pero la mayoría no alcanza los objetivos de control de sus factores de riesgo, lo que indica la necesidad de insistir en el médico responsable y el paciente para adecuar dosis y tipo de fármaco de manera individualizada, así como fomentar cambios en el estilo de vida.

ALIMENTACIÓN Y PESO

Sobre nutrición, un trabajo de lectura aconsejable es la revisión de Arós y Estruch sobre la dieta mediterránea, a propósito del impacto mundial del estudio español PREDIMED. Sus investigadores siguen publicando datos (hasta 30 trabajos en PubMed en el año 2014 y más de 110 en total) sobre aspectos preventivos de esta dieta, que se ha erigido indudablemente como referencia en prevención CV. En la misma línea se inscribe el estudio SUN, que demuestra que con una dieta «vegetarianoide» se reduce la incidencia de síndrome metabólico.

También es interesante el estudio epidemiológico Di@bet.es, que demuestra el alto porcentaje de obesidad (índice de masa corporal [IMC] > 30) en mayores de 18 años en Andalucía (37%), significativamente más alto que en el resto de España (27%). Otro estudio español relacionado con el peso es el REDINSCOR, en el que se encuentra que los pacientes con insuficiencia cardiaca de más peso (hasta cierto límite) tienen mejor supervivencia. Recientemente, grupos españoles también han estudiado la prevalencia de obesidad infantil (que es alta, pero parece no haber aumentado en el último decenio) y sus consecuencias hemodinámicas.

Entre los estudios internacionales relevantes, uno con resultados contundentes es el análisis de 20 estudios sobre obesos con IMC > 40, que demuestra que tienen una esperanza de vida 10 años menor por mortalidad por cualquier causa, no solo CV. Gran conmoción ha causado el estudio Swedish Obese Subjects, que tras un largo seguimiento demuestra los grandes beneficios de la cirugía bariátrica en la diabetes mellitus y las complicaciones macrovasculare9. El estudio CARDIA analizó la influencia de cinco medidas de estilo de vida (obesidad, ingesta de alcohol baja, dieta saludable, actividad física, tabaquismo) en estadounidenses de 18-30 años al inicio, y constató su clara relación con parámetros de aterosclerosis subclínica 20 años después.

En cuanto a los suplementos nutritivos, parece que los estudios con multivitamínicos se han suspendido a raíz del resultado negativo del Physicians’ Health Study II. Siguen tímidamente los estudios y encendidamente los debates sobre los ácidos grasos Ω-3; de moda a raíz de recientes estudios fallidos para prevenir la fibrilación auricular, últimamente se ha volcado la atención en sus efectos preventivos de muerte CV.

Cabe destacar la revisión Cochrane sobre los suplementos nutritivos en la hipercolesterolemia familiar; como era de esperar, poniendo el listón tan alto (mortalidad y cardiopatía isquémica a corto plazo) no encuentran nada relevante.

EJERCICIO Y RIESGO VASCULAR

El sedentarismo y el sobrepeso son problemas sanitarios de primer orden que justifican las elevadas tasas de hipertensión (HTA), diabetes mellitus e hipercolesterolemia, en países desarrollados y también en vías en desarrollo. El ejercicio físico (EF) se encuentra implicado en la aparición y la evolución de los factores de riesgo vascular, por lo que es un pilar básico para controlarlos. Así lo recogen todas las guías de práctica clínica. Sin embargo, pese a haber unanimidad sobre su importancia, implantar un estilo de vida cardiosaludable que incluya la práctica habitual de EF es una asignatura pendiente.

Conseguir cambios a largo plazo en el estilo de vida de los individuos debe ser una parte importante de la labor asistencial de los profesionales sanitarios. Para ello se necesita formación específica de los profesionales. Por una parte, para establecer una estrategia de control en la población que practica EF habitualmente, sobre todo en un subgrupo importante de individuos que practican deporte amateur pero de elevada intensidad, lo que conlleva riesgos de complicaciones arrítmicas, isquémicas e incluso muerte súbita. En este contexto es importante identificar a los sujetos en riesgo, guiar el entrenamiento para optimizar la adaptación cardiaca y diferenciar la adaptación cardiaca normal de la patológica.

Por otra parte, la «prescripción» de EF debe realizarse de manera estructurada. Es habitual que se realicen recomendaciones genéricas y empíricas que generalmente llevan al abandono. Ante todo es conveniente hacer algunas precisiones terminológicas. Actividad física, EF y deporte se consideran sinónimos erróneamente:

  • Actividad física: conjunto de movimientos del cuerpo producidos por la contracción de los músculos esqueléticos que tienen como consecuencia un gasto energético.
  • Ejercicio físico: actividad física planificada, estructurada y repetitiva, que tiene como objetivos final e intermedio la mejora o el mantenimiento de la forma física y el incremento de la capacidad funcional del organismo.
  • Deporte: es la práctica de EF sometida a unas reglas de juego y un sistema encaminado a la competición.

Aunque los manuales de prescripción de EF y los estudios utilizan los términos actividad física y EF indistintamente, es más adecuado hablar de EF, debido a que no toda la actividad física produce un estímulo positivo para la salud.

El objetivo de la prescripción de EF es obtener los mayores beneficios en salud con los menores riesgos, teniendo presentes las necesidades específicas e individuales.

En el último año se han publicado dos documentos que actualizan estos aspectos. La guía para la prescripción de EF tiene como objetivos una prescripción correcta e individualizada de EF a sujetos sanos y pacientes con factores de riesgo CV, basada en las últimas evidencias científicas, y dotar a los profesionales sanitarios del soporte informativo para su prescripción correcta. Asimismo se ha publicado la novena edición de «Guidelines for Exercise Testing and Prescription» del American College of Sports Medicine, que revisa las indicaciones de los tests para los sujetos que realizan práctica deportiva y las normas de correcta prescripción.

TABAQUISMO

En sus aspectos psicosociales, destaca un trabajo del impacto de las etiquetas de advertencia (que algunos consideran de eficacia neutra o transitoria), y se demuestra que pueden facilitar el abandono del hábito tabáquico mediante pensamientos sobre los riesgos del tabaco; cuanto más llamativas y con más gancho sean las etiquetas, más eficaces resultan.

Para muchos, conseguir que los adolescentes dejen de fumar es tarea casi imposible. Un estudio28 identifica predictores de dejar de fumar en adolescentes noveles. El 40% dejó de fumar en el seguimiento. El sexo masculino, la edad y la práctica en deportes se asoció a mayor abstención, mientras el abuso de sustancias, el sobrepeso y el estrés familiar se relacionaron con mayor dificultad.

La relación entre orientación sexual y tabaquismo se estudió en 28.198 participantes en Suecia29. La hipótesis fue que hay mayor prevalencia de tabaquismo en grupos de orientación sexual minoritaria, en parte por tener menor capital social (entendiendo el capital social como estructuras, redes y relaciones sociales) debido a actitudes discriminatorias de la sociedad: aunque se confirmó que homosexuales y bisexuales fuman más, la tendencia persistía tras ajustar por su capital social, lo que indica la existencia de otros factores.

En una revisión Cochrane sobre antidepresivos y tabaquismo (su privación puede precipitar episodios depresivos), el bupropión (44 ensayos) mejoró significativamente la abstinencia a largo plazo, así como la nortriptilina (6 ensayos); su mecanismo parece independiente de su efecto antidepresivo. No hubo eficacia con inhibidores de la recaptación de serotonina ni con los inhibidores de la monoaminooxidasa.

El fenómeno social creciente del cigarrillo electrónico se debe considerar actualmente, ante la ausencia de evidencia de su utilidad para dejar de fumar o disminuir el daño del tabaco, como una amenaza para la salud pública en España, ya que tiende a normalizar la conducta del tabaco y pone en riesgo los logros de la legislación que todavía no se han consolidado.

 

Obesidad en la adolescencia, factor de riesgo de insuficiencia cardiaca precoz

Un reciente estudio epidemiológico realizado en la población Sueca ha observado que mientras se está reduciendo la incidencia de insuficiencia cardiaca (IC) entre los individuos mayores de 55 años de edad, se está incrementando entre los menores de 45 años.

La obesidad es un factor de riesgo de IC y su incremento en la población joven es un hecho, no solo en Suecia, sino en todos los países occidentales.

El objetivo de este estudio fue analizar la relación entre el índice de masa corporal (IMC) en hombres jóvenes y el riesgo de una hospitalización precoz por IC. Se trata de un estudio de cohortes prospectivo, a partir de los datos antropométricos, valoración cognitiva, pruebas físicas y constantes (tensión arterial, frecuencia cardiaca) de varones registrados para el servicio militar de 1968 al año 2005.

Más de 1 millón y medio de varones (1.610.437) de 18,6 años de edad media, fueron seguidos de 5 a 42 años, durante una media de 23 años.

Fueron identificados 5.492 varones que presentaron una primera hospitalización por IC con una media de edad al diagnostico de 46,6 años (+ 8 años). Un 12,8% presentaban una enfermedad congénita o adquirida valvular, el 49,7% cardiopatía isquémica, diabetes o hipertensión y el 14,6% por miocardiopatía.

El 79,6% de los varones valorados presentaron un peso normal (IMC de 18,5 a 25 kg/m2) frente a un 10% que tenían sobrepeso y un 2,3% que fueron obesos. El riesgo de presentar IC por enfermedad coronaria, diabetes o hipertensión era especialmente elevado en los pacientes con IMC superior a 30, aunque el aumento de peso se relacionaba con cualquier causa de IC.

El riesgo aumentó progresivamente según aumentaba el IMC de tal manera que los hombres con un IMC de 30–35 kg/m2 presentaban un riesgo ajustado de 6,47 (95% CI, 5,39-7,77) y aquellos con un IMC superior a ≥35 kg/m2 alcanzaron un riesgo de 9,21 (95% CI, 6,57-12,92).

El análisis ajustado multivariable del riesgo de sufrir IC mostró que por cada unidad de incremento del IMC en varones con IMC superior a 20, se asociaba un riesgo de presentar IC por enfermedad valvular de 1,06 (95% CI, 1,02-1,11), y de 1,2 (1,18-1,22) para los casos asociados con enfermedad coronaria, diabetes o hipertensión.

El trabajo encuentra una estrecha relación entre el riesgo de sufrir insuficiencia cardiaca precoz y la masa corporal durante la juventud, que es detectable incluso en el rango de peso normal, incrementándose hasta cerca de 10 veces en las categorías de mayor peso.

Los autores concluyen que como consecuencia de la actual epidemia de obesidad, la insuficiencia cardiaca en jóvenes puede incrementarse sustancialmente en el futuro.

Comentario

La relación entre la obesidad y la IC ya ha sido descrita y en su origen se implican factores hemodinámicos, neurohormonales e inflamatorios entre otros.

El principal factor limitante del estudio es que no se conoce la evolución del peso y de los factores de riesgo durante el tiempo de seguimiento. Probablemente la mayoría de los que presentaron peso elevado en la juventud, lo continuaron teniendo durante la edad adulta y en el momento de debutar la IC. Un mayor peso en la juventud es un predictor de sobrepeso/obesidad en la edad adulta y de mayor probabilidad de enfermedad cardiovascular.

Lo realmente relevante de este estudio es que aumentos de peso durante la juventud dentro del rango de lo que se considera normal (IMC <25) se hayan relacionado con un mayor riesgo de IC en la edad adulta.

Este estudio demuestra que la prevención de la enfermedad cardiovascular debe empezarse lo antes posible y el cambio de hábitos (alimentación y ejercicio) es un pilar básico. No deberíamos limitarnos exclusivamente al control del peso de nuestros jóvenes, ya que otros factores como una alimentación saludable tienen gran relevancia en todas las etapas de la vida.

Junto al envejecimiento de la población y la mayor supervivencia a las enfermedades cardiacas agudas (causas de la epidemia de IC que ya sufrimos), la presencia de obesidad entre nuestros jóvenes va a ser un factor adicional que va a aumentar la presencia de IC en nuestros hospitales y consultas a edades más tempranas.

Fuente: SEC

Los campos enfrentados en la ciencia de la sal

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda reducir el consumo de sodio que tomamos con la sal a menos de dos gramos diarios en adultos. Se reducirían así los problemas cardiovasculares asociados a la hipertensión e incluso los cánceres de estómago. Esta postura es la que se defiende de forma mayoritaria desde los estamentos médicos y también desde las revistas científicas. Una revisión que se acaba de publicar en el International Journal of Epidemiology, en la que se analizaron 269 trabajos que trataban la necesidad de aplicar medidas de reducción del consumo de sal para toda la población, observó que el 54% apoyaban esta hipótesis. Sin embargo, un 33% se mostraban en contra y un 13% presentaba resultados no concluyentes.

Los autores, investigadores de la Escuela Mailman de Salud Pública de la Universidad de Columbia, descubrieron también en su revisión que el debate sobre la necesidad de reducir el consumo de sal está muy polarizado. Ambos campos estaban dominados por unos pocos trabajos originales, que eran citados con mucha frecuencia entre los investigadores que defendían una determinada hipótesis. Sin embargo, ambos lados tendían a referirse mucho más a los artículos que coincidían con sus conclusiones que a los que las cuestionaban.

Los que critican la reducción masiva del consumo de sal lo hacen con el argumento de que esa política no tiene en cuenta que sus beneficios tienen forma de U o de J: hasta un punto benefician, pero después acabarían perjudicando debido a los problemas asociados a una ingesta demasiado reducida de sodio. De hecho, un informe reciente del Instituto de Medicina de los Estados Unidos, dependiente de las Academias Nacionales de Ciencia, concluía que no hay evidencia científica para reducir el consumo de socio hasta unos niveles tan bajos como los recomendados por la OMS.

Los científicos, que han tratado de medir con la mayor precisión posible la polarización en este campo de la investigación médica, no quieren derribar la idea de que reducir, al menos hasta cierto punto, el consumo de sal es beneficioso para la salud. Su principal objetivo es identificar casos en los que los científicos se han atrincherado en sus posiciones con los consiguientes prejuicios para unos resultados ponderados.

En un artículo que acompaña la revisión de los investigadores de Columbia, Bruce Neal, un investigador con amplia experiencia en la materia, afirma que la conclusión del trabajo no le sorprende. “Aquellos que creen en la reducción de la sal gritan desde lo alto de una colina y los que no hacen lo mismo desde otra. Ninguno escucha ni presta suficiente atención a los que están abajo en el valle que quieren saber si le pueden echar sal a sus patatas fritas”, ejemplifica.

“Prácticamente todo el mundo coincide en que si una persona está consumiendo grandes cantidades de sal, es probable que se incremente su presión sanguínea y el riesgo de que sufra enfermedades cardiovasculares”, apunta David Johns, uno de los autores del estudio. “El reto está en que hay cierta discrepancia sobre lo que significa demasiado”, añade. “Creo que la mayor parte de los investigadores estaría de acuerdo en que hay un punto ideal en términos de consumo de sal que ofrecería una cantidad suficiente de sodio y no elevaría el riesgo de enfermedad. “Probablemente la polarización dentro del campo haga más difícil llevar a cabo el tipo de estudios que proporcionaría una respuesta clara a esa cuestión que fuese convincente para todas las partes”.

Almudena Castro, presidenta de la Sección de Riesgo Vascular y Rehabilitación Cardiaca de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), no considera especialmente revolucionarios los resultados, aunque coincide en la búsqueda de un punto ideal de sal en la dieta. “La recomendación básica sería una dieta sosa, pero sin quitar la sal del todo, porque una pequeña cantidad es necesaria”, explica. Además, respecto a la efectividad de eliminar la sal para tratar la hipertensión, recuerda que es eficaz, sin necesidad de otras medidas, para un 30% de los pacientes. El resto, además de eliminar la sal, deberán tomar fármacos contra la hipertensión.

Por último, Manuel Franco, profesor de Salud Pública en las universidades de Alcalá de Henares y Johns Hopkins, comenta que más que un trabajo que cuestione si hay una relación entre el consumo de sodio y la enfermedad cardiovascular, se trata de un estudio de la forma de trabajar de los científicos. “Parece más sociología de la ciencia, un análisis de cómo nos apoyamos unos a otros cuando tenemos las mismas ideas y nos ignoramos cuando no coincidimos”, señala. “La conclusión, supongo, es que la ciencia debería ser más abierta”, remacha.

Fuente: El Pais.

La edad de su corazón no es la que pone en el DNI

Es difícil no sentirse halagado cuando alguien nos comenta que parecemos más jóvenes de lo que somos. Para algunos, es el justo reconocimiento a los sacrificios realizados por mantenerse bien físicamente; otros atribuirán su envidiable aspecto a la herencia recibida de sus antepasados. Sin embargo, el aspecto exterior no siempre está en consonancia con el interior. ¿Está seguro de la juventud de su músculo cardiaco? Puede que se lleve una sorpresa. Un estudio realizado por el Centro para Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), ha encontrado que la mitad de los hombres y el 40% de las mujeres tienen un corazón más viejo de lo que corresponde a su edad (7,48 años mayores en el caso de ellos; y 5,4 en el de las féminas).

Los investigadores de la división de Cardiología del CDC obtuvieron estos datos después de estudiar a más de medio millón de ciudadanos de todo el país que no tenían ninguna enfermedad cardiaca. El paso por la calculadora (un test propio que determina la edad del corazón en función de la edad cronológica y unos factores de riesgo) destapó una verdad que a nadie le gustaría conocer: que el corazón de la mayoría de los estadounidenses estaba envejecido. ¿Quién es el causante de esa epidemia de senectud del corazón? Hay varios culpables: hipertensión arterial, tabaquismo, alcohol, sedentarismo, alimentación… En definitiva, el estilo de vida. Revertir, o al menos frenar, esta tendencia requiere la implicación de los propios individuos, las autoridades sanitarias y otros agentes sociales.

En España tampoco estamos en condiciones de cantar victoria. Utilizando las variables del trabajo del CDC (tensión arterial, consumo de tabaco y alcohol, hábitos nutricionales y actividad física, entre otras), “se puede estimar que nuestro corazón es unos tres años mayor que nuestra edad cronológica”, calcula la doctora María Luaces, del Servicio de Cardiología del Hospital Clínico San Carlos, de Madrid. “Es cierto que nuestro perfil es más benigno que el de la población estadounidense, pero buena parte de los pacientes tienen factores de riesgo (el 71%, por ejemplo, son hipertensos) que son modificables y sobre los que se puede actuar”, añade Luaces.

La cardióloga admite que “en los últimos años, los españoles han interiorizado la conveniencia de mejorar las cifras de tensión, colesterol, glucosa… Y en ello ha influido mucho el trabajo de prevención que se hace desde la Atención Primaria (médicos de familia y enfermería)”. El interés por la alimentación sana gana adeptos, la dieta mediterránea es motivo de orgullo patrio, «pero el estilo de vida actual, sobre todo en las grandes ciudades, limita las posibilidades de cumplirla siempre”.

También es patente que cada vez hay más practicantes del ejercicio físico, aunque todavía más del 40% de la población es sedentaria. Después de estas advertencias, ¿cree que su corazón superaría con éxito un examen de juventud? El Instituto Puleva de Nutrición ha diseñado un test para evaluar la salud cardiaca, avalado por la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN) y la Fundación Española del Corazón (FEC). Consiste en un cuestionario de 18 preguntas sobre consumo de alimentos, tabaco y alcohol, actividad física y peso, con el que sabrá si tiene el corazón contento, como cantaba Marisol. Usted mismo puede autoevaluarse, aunque tal vez sea su médico el que le proponga pasar la prueba. El doctor José Polo García, vicepresidente de SEMERGEN, destaca el interés de la iniciativa (que él ha aplicado en su consulta), porque “conocer los hábitos dietéticos de nuestra población es muy importante” y, para este propósito, “dicha prueba es una herramienta eficaz”. El fin último consiste en prevenir la enfermedad, y aunque en muchos casos no se puede prescindir de las pastillas, como subraya el doctor, una dieta adecuada y modificar los estilos de vida «son medidas muy efectivas a las que se llegará tras realizar el examen». Someterse a esta máquina de la verdad le mostrará cosas que hace y que, tal vez, no le sienten bien a su corazón. «De hecho, el 70% de las personas que se ha sometido a esta prueba ha comenzado a cambiar sus hábitos”, aclara José Polo García. Han pasado por la evaluación 400.000 personas, con una nota discreta: 6 sobre 10.

¿Modificar el estilo de vida rejuvenece el corazón? Luaces es directa: “Las personas que cumplen sus tratamientos y tienen hábitos de vida saludables normalizan las variables que envejecen el corazón (tensión arterial, colesterol, etc.), y eso supone un claro rejuvenecimiento”.

Fuente: EL Pais

La dieta vegetariana previene el riesgo cardio y cerebrovascular

Comer sano tiene su recompensa. Según un estudio de la Escuela de Salud Pública del Imperial College de Londres (Gran Bretaña) una dieta provegetariana, aquella que tiene una mayor proporción de alimentos de origen vegetal en comparación con los de origen animal, se asocia con un menor riesgo de fallecer por enfermedad cardíaca y accidente cerebrovascular.

Presentado durante la reunión Lifestyle de la American Heart Association, este estudio observacional ha analizado los hábitos alimenticios y estilo de 451.256 europeos. Y sus resultados son concluyentes: aquellos que siguen la dieta provegetarianas (70% de los alimentos vegetales) tenían un riesgo 20% menor de morir por enfermedad cardiovascular, en comparación con aquellos que fueron los menos alimentos de origen vegetal.

«Una dieta provegetariana no establece recomendaciones absolutas sobre nutrientes específicos -señala la investigadora Camille Lassale-. Se centra en el aumento de la proporción de alimentos de origen vegetal en relación con los de origen animal, lo que se traduce en una dieta equilibrado nutricionalmente».

Los participantes forma parte del Estudio Prospectivo Europeo sobre Cáncer y Nutrición (EPIC), que se inició en 1992. El trabajo incluyó a casi medio millón de personas de 10 países libres de enfermedades crónicas, de 35 a 70 años, y que fueron analizados durante 12 años de media. Se recogió la siguiente información: estatura, peso, consumo de alimentos, estilo de vida y hábitos de actividad física.

Los investigadores clasificaron a los participantes en función de su alimentación; así, aquellos que consumían verduras, frutas, legumbres, cereales, patatas, frutos secos y aceite de oliva obtenían una mayor puntuación, mientras que los que comían carnes, grasas animales, huevos, pescado y otros productos del mar o lácteos, tenían menos puntuación.

Sobre está puntuación, los participantes se clasificaron desde los más provegetarianos hasta los menos. Los resultados se ajustaron en función de la edad al inicio del estudio, el sexo, las calorías diarias, índice de masa corporal, el tabaquismo, la actividad física, la educación, la ingesta de alcohol y el nivel de estudios.

Para Lasale, una buen forma de seguir una dieta saludable sería, «en lugar reducir drásticamente los alimentos de origen animal, sustituirlos poco a poco con otros de origen vegetal».

FUENTE: ABC Salud